La guía definitiva para entender el apego: Todo lo que necesitas saber.
Ejemplo: "En esta casa, todos comemos en la mesa" o "Debes lavarte las manos antes de comer."
Ejemplo: "No puedes golpear a tu hermano" o "Está bien estar enojado, pero no puedes romper cosas."
Ambos son fundamentales en la crianza para ayudar a los niños a desarrollar autocontrol y responsabilidad.
2. Las normas o límites se vuelven poco saludables cuando dejan de cumplir su función de proteger, educar y guiar al niño, y en su lugar, generan efectos negativos en su desarrollo emocional o relacional. Aquí te explico cuándo puede suceder esto:
Cuando son demasiado rígidos o inflexibles:
Si una norma o límite no se adapta a las necesidades del niño, su etapa de desarrollo o las circunstancias particulares, puede volverse opresivo.
Los límites inflexibles impiden que los niños aprendan a tomar decisiones, resolver problemas y desarrollar autonomía.
Ejemplo nocivo: Prohibir a un adolescente asistir a cualquier actividad social sin considerar su necesidad de interacción y desarrollo social.
Cuando son inconsistentes o impredecibles:
Las normas o límites que cambian constantemente o no se aplican de manera coherente generan confusión, inseguridad y desconfianza en el niño.
Ejemplo nocivo: Un día permitirle algo y al siguiente castigarlo por el mismo comportamiento sin explicación clara.
Cuando están basados en el miedo o la coacción:
Si una norma o límite se impone a través de amenazas, castigos extremos o humillación, el niño puede desarrollar sentimientos de ansiedad, miedo o resentimiento.
Ejemplo nocivo: “Si no te comes todo, no te quiero más” o recurrir al castigo físico de manera constante.
Cuando ignoran las emociones o necesidades del niño:
Un límite es nocivo cuando no toma en cuenta el estado emocional o las necesidades básicas del niño, lo que puede resultar en frustración, baja autoestima y dificultades para expresar emociones.
Ejemplo nocivo: Obligar a un niño a realizar una actividad sin respetar su cansancio, hambre o necesidad de descanso.
Cuando son excesivamente permisivos:
La falta de límites o normas claras puede llevar a que el niño no desarrolle la capacidad de regularse a sí mismo, lo que puede causar problemas de comportamiento, relaciones interpersonales difíciles y falta de responsabilidad.
Ejemplo nocivo: Permitir que el niño haga lo que quiera sin establecer límites claros sobre su seguridad o el respeto a los demás.
Cuando se imponen sin explicación o diálogo:
Las normas y los límites que se imponen sin ningún tipo de explicación o justificación pueden llevar a que el niño los perciba como arbitrarios o injustos, lo que a menudo provoca rebeldía o desconexión emocional.
Ejemplo nocivo: “Porque lo digo yo” como única explicación para aplicar una norma, sin espacio para la discusión o comprensión.
Cuando no respetan la individualidad o el desarrollo del niño:
Los límites y normas que no respetan la personalidad, ritmo de desarrollo o diferencias individuales pueden afectar la autoestima y el sentido de identidad del niño.
Ejemplo nocivo: Obligar a un niño tímido a comportarse de manera extrovertida en situaciones sociales o imponer expectativas que no son realistas para su edad.
Baja autoestima: Cuando el niño siente que no puede cumplir con expectativas rígidas o cambiantes.
Inseguridad: Los límites inconsistentes o poco claros crean un ambiente de incertidumbre.
Falta de autonomía: Los límites excesivamente controladores impiden que el niño desarrolle confianza en sí mismo.
Problemas emocionales: Normas y límites basados en el miedo pueden llevar a problemas de ansiedad, agresividad o dificultades en las relaciones interpersonales.
3. Aprender a poner límites y normas sanas a tus hijos implica desarrollar habilidades de comunicación efectiva, comprensión de sus necesidades y mantener una actitud respetuosa y coherente. Algunos pasos y estrategias para lograrlo:
Comprende las necesidades de tus hijos según su edad
Cada etapa del desarrollo infantil tiene necesidades y capacidades diferentes. Saber lo que tu hijo puede manejar emocional y cognitivamente te ayudará a establecer límites adecuados.
Niños pequeños: Necesitan límites claros y repetitivos, ya que están aprendiendo a identificar qué es aceptable. Las normas deben ser sencillas.
Adolescentes: Necesitan más espacio para tomar decisiones propias, por lo que las normas deben enfocarse en la confianza y responsabilidad.
Establece reglas claras y coherentes
Las normas deben ser comprensibles y coherentes. Si son confusas o inconsistentes, los niños no sabrán qué esperar, lo que puede generar frustración.
Consejo: Sé específico sobre lo que esperas. En lugar de decir "compórtate bien", define lo que significa: "quiero que hables en voz baja cuando estemos en la biblioteca".
Aplica consecuencias lógicas y consistentes
Las consecuencias deben estar relacionadas directamente con el comportamiento. Esto ayuda a que tus hijos entiendan por qué es importante cumplir la norma o respetar el límite.
Consejo: Si tu hijo rompe una regla sobre el uso del móvil, la consecuencia podría ser perder el acceso al móvil por un tiempo limitado.
Explica el porqué de las normas y los límites
Los niños responden mejor cuando comprenden el motivo detrás de una norma o límite. Esto les ayuda a desarrollar su capacidad para pensar en las consecuencias de sus acciones.
Consejo: En lugar de imponer la norma sin más, explícalo: "Ponemos el cinturón de seguridad en el coche porque nos mantiene seguros en caso de accidente."
Ofrece opciones dentro de los límites
Dar opciones dentro de los límites permite que tus hijos se sientan empoderados y con control, mientras tú mantienes la estructura necesaria.
Consejo: En lugar de decir "ponte el abrigo ahora", di: "¿Prefieres ponerte el abrigo azul o el rojo?"
Modela el comportamiento que esperas
Los niños aprenden más observando que escuchando. Si quieres que respeten las normas y los límites, tú también debes cumplirlas.
Consejo: Si esperas que tu hijo no grite cuando está frustrado, asegúrate de manejar tus propias emociones con calma cuando enfrentas una situación difícil.
Sé flexible cuando sea necesario
Si bien los límites deben ser claros, también es importante saber cuándo ser flexible. A medida que los niños crecen, algunas normas pueden necesitar ajustarse o modificarse para adaptarse a su desarrollo.
Consejo: Evalúa si las normas siguen siendo relevantes para la edad y situación de tu hijo. Si ves que una norma se ha vuelto poco práctica o innecesaria, considera ajustarla.
Practica la empatía y escucha activa
Mostrar que entiendes cómo se siente tu hijo puede ayudarlo a aceptar los límites más fácilmente. Validar sus emociones no significa ceder, sino crear un ambiente en el que se sienta comprendido.
Consejo: Si tu hijo está molesto por una regla, puedes decir: "Sé que es difícil dejar de jugar ahora, pero es hora de cenar. Después de cenar, puedes volver a jugar".
Establece normas basadas en valores
Es útil que las normas reflejen los valores familiares que son importantes para ti. De esta forma, las reglas no se sentirán arbitrarias y tus hijos comprenderán su relevancia.
Consejo: Si valoras la empatía, una norma podría ser: "En esta casa, nos hablamos con respeto, incluso cuando estamos enojados."
Reconoce los esfuerzos y el buen comportamiento
Refuerza positivamente cuando tus hijos respeten los límites o sigan las normas. Esto les motiva a continuar con el comportamiento adecuado.
Consejo: Elogia específicamente lo que hicieron bien: "Me encantó cómo guardaste tus juguetes después de jugar. ¡Eso fue muy responsable!"
Sé paciente y consistente
Cambiar o establecer nuevas normas y límites lleva tiempo. Tus hijos pueden resistirse al principio, especialmente si están acostumbrados a más permisividad o si no entienden el propósito detrás de la nueva estructura.
Consejo: Mantente firme y paciente. Recuerda que la repetición y la coherencia son clave.
Busca apoyo si lo necesitas
Si encuentras dificultades en el proceso o sientes que te cuesta establecer normas y límites saludables, considera buscar orientación profesional. Un terapeuta familiar o un coach pueden ayudarte a desarrollar estrategias personalizadas para tu situación.
Alguna bilbliografía que te puede ser de utilidad
Faber, A., & Mazlish, E. (2012). Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. Ediciones Medici.
González, C. (2015). Educar en el vínculo: Cómo acompañar a los niños y adolescentes para que desarrollen su máximo potencial. Editorial Sirio.
Nelsen, J. (2006). Disciplina positiva: Cómo educar con firmeza y cariño. Ediciones Medici.
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). El cerebro del niño: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo. Alba Editorial.
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2014). The Whole-Brain Child: 12 revolutionary strategies to nurture your child's developing mind. Delacorte Press.
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